Xanath y La VainillaCuentan las antiguas leyendas que Xanath, hija de totonacas nobles, célebre por su increíble belleza, vivía en un palacio cercano al centro ceremonial de Tajín, sede de su pueblo.

Cierta hermosa noche, la joven acudió a depositar una ofrenda al dios Chac-Mool (“Mensajero Divino”) como todas las noches, pero ese día se encontró casualmente a Tzarahuín (jilguero), un alegre joven, muy guapo y amable al que le agradaba silbar, surgiendo asi entre ambos un poderoso amor a primera vista.

Sin embargo, el romance era casi imposible pues Tzarahuin era pobre y vivía en una choza humilde. A pesar de la diferencia de clases, y las lenguas metiches de los demás, los enamorados se reunían casi a diario por las noches para no ser vistos y en poco tiempo una sincera pasión se apoderó de sus corazones y almas.

Xanath era muy bella y un dios la vio, quien empezó a cortejarla pero ella no correspondía su amor por lo que el dios, molesto amenazó a la joven con desatar la furia de Tajín, si no accedía a sus reclamos amorosos. Aun que la advertencia le hizo temblar de miedo, ella nunca traicionó a su verdadero amor, Tzarahuín.

El astuto dios gordo se propuso ganarse la confianza del padre de la joven,  invitándolos a su palacio, revelándole secretos divinos por lo que cuando el poderoso dios manifestó interés por la linda muchacha, este recibió completo apoyo del padre para casarse con ella.

Xanath fue obligada a aceptar una nueva cita con el dios, pero poco sabia que esta cita tendría un final fatal, pues luego de haber dado otra negativa al señor de la felicidad, éste, irritado, lanzó un conjuro sobre la doncella y la transformó en una planta débil de flores blancas y exquisito aroma: la vainilla