Leyenda del HacendadoUn rico hacendado guardo lingotes de oro en varios ataúdes, los cuales enterró en el Panteón de Belén; después, fingió su muerte y la de su esposa.

Con anticipación había elaborado un testamento donde estipulaba que fueran sepultados uno frente al otro, pasillo de por medio, y que no colocaran epitafios sobre sus tumbas; asimismo, que todos los bienes los heredaba a la hermana de su esposa, quien vivía en un poblado muy cercano a la ciudad de Guadalajara.

Cuando hicieron todo lo necesario, los esposos salieron por la noche rumbo a la población donde vivía la cuñada y ahí radicaron con mucha tranquilidad. Pero, al llegar la Revolución, uno de los soldados reconoció al supuesto muerto, a quien después de torturarlo confesó del tesoro enterrado. Éste, soldado acompañado por su tropa, se dirigió con mucha prisa hacia el Panteón de Belén; pero cuál fue su sorpresa al encontrar que todas las tumbas estaban alineadas, unas viendo al sur y otras al norte y por más que cavaron no dieron con el propósito de su avaricia.

Se dice, que para encontrar ese tesoro, uno tiene que entrar al panteón a las ocho de la noche, que es cuando las campanas de los templos anuncian el toque de ánimas y salen los espíritus de las personas ahí enterradas, así como rezar tres padres nuestros, tres aves marías y contestar acertadamente a una pregunta que hacen los espíritus. El tesoro sigue ahí; pues quienes lo han intentado, han salido corriendo por la impresión.