El Cuatlacas Dentro de los grandes mitos que se cuentan en los poblados, los montes y valles de todo el mundo, se hablan de criaturas salvajes, ocultas entre la maleza, que viven alejadas de la humanidad debido a su deformidad o gran tamaño. En algún tiempo se hablaba de gigantes que poblaron la Tierra.

Uno de estos eslabones perdidos, el mas famoso, es una criatura conocida como Pie Grande o el Yeti, El abominable Hombre de las Nieves. Se dice que
este gran animal o semi humano vive en las alturas nevadas del Himalaya. En el Tíbet se cuentan historias asombrosas sobre este ser. Aunque, a decir verdad, esta leyenda ha servido solo como atracción turística, pues no ha habido prueba alguna de su existencia.

México no se queda atrás en leyendas de este tipo y también cuenta con relatos de seres abominables ocultos en las montañas y los bosques de nuestro país.

Una historia fascinante que se cuenta surge en los tupidos y espesos bosques del norte de la Sierra de Puebla. Se dice que ahí habita un extraño ser al que los habitantes de la región llaman El Cuatlacas de los Bosques. Mucha gente dice haberlo visto.

Las personas que han podido ver a esta criatura la describen como una especie de hombre de las cavernas, de gran tamaño, aspecto salvaje y cubierto totalmente de pelo oscuro y enmarañado. Su estatura —según se dice— rebasa los tres metros y su comportamiento es sumamente hostil contra todos los intrusos que van a los bosques con la finalidad de talar arboles para el comercio de madera.

Esta leyenda comenzó a circular después de que unos leñadores partieran, como cada ocasión, hacia las espesuras de la sierra a bordo de un camión, era de noche, la luna llena iluminaba los arboles con un tenue tono plateado. Se dirigían al sitio para talar arboles cuando, de pronto, escucharon fuertes rugidos que no parecían de felinos o de algún otro animal salvaje de los que comúnmente andan en los bosques y los montes; mas bien parecían ser como de un gorila o algún otro animal similar. No obstante, continuaron con su viaje, pues ya estaban acostumbrados a lidiar con los animales salvajes. Poco a poco se fueron internando mas y mas en la espesura del bosque.

Al llegar al lugar donde iniciarían su labor, descendieron del camión con grandes sierras y cortadoras de motor para talar los gruesos troncos. Los temibles gruñidos aun se escuchaban.

No solamente se cuidaban de los animales. La operación que llevaban a cabo era ilegal, así que debían estar alertas también de los guardias forestales, pues sabían que estaban arriesgándose al talar madera en esa Zona. Esta era la razón de que se encontrar aran trabajando de noche, protegidos por las sombras.

Después de una ardua jornada que duro casi toda la noche, aseguraron los troncos recién cortados al enorme camión y encendieron una fogata. A manera de campamento, se instalaron en la zona para descansar un poco y esperar a que amaneciera, lo que facilitaría el regreso a la ciudad con la preciada carga.

Al cabo de unos minutos, en medio del silencio, se escucharon de nuevo los rugidos, pero esta vez pudieron oírlos mas cerca y con mas fuerza que antes. Una ligera lluvia comenzó, confundiendo aun mas a los tala bosques, que ya se sentían un poco atemorizados.

Algunos de ellos trataron de averiguar de donde provenían los rugidos, así que se armaron de valor y se alejaron un poco de la fogata que habían encendido para acampar. Comenzaron a escucharse fuertes ruidos, señal de que “algo” estaba derribando los arboles, haciendo un gran estruendo. No era nada fácil saber de donde venían los ruidos, debido a la lluvia y la oscuridad.

Tal como en una película de terror, un relámpago ilumino el cielo mostrando la imponente figura del Cuatlacas. El monstruo apareció enfurecido, derribando todo a su paso. A unos diez metros de distancia de donde se hallaban los asustados leñadores, se detuvo, mirándolos de una forma enigmática, tal como si les reclamara el haber profanado sus dominios. Con impresionante fuerza, el extraño ser solo con sus manos arranco un enorme árbol, mismo que levanté sobre su cabeza para después arrojarlo sobre el camión, dejando totalmente aplastada la cabina. Volvió a rugir con toda la fuerza que le era posible y trato de arrancar otro árbol.

A pesar de estar estupefactos con el aterrador espectáculo que estaban presenciando, algunos leñadores comenzaron a dispararle al cuerpo, pero parecía no sentir nada con las balas. Otros optaron por correr, dejando abandonada la carga. Al final, mirando que no podían dañar al monstruo, todos salieron despavoridos, mientras que a lo lejos se escuchaban estruendosos rugidos del Cuatlacas y también los golpes que
propinaba al ya aplastado camión.

Corrieron casi hasta perder el sentido, hacia la carretera, donde encontraron a los guardabosques, quienes al pedir explicaciones no creyeron en la historia, y arrestaron a los taladores clandestinos, que se hallaban sumamente asustados.

Cuando los guardias llegaron a1 lugar a corroborar los hechos, no encontraron rastro alguno de la bestia. El camión se hallaba totalmente destruido pero no había un solo tronco en el, tal como si nunca hubiese cortado ningún árbol, jamás creyeron la historia del monstruo que los había atacado.

Al haber prueba alguna de sus actividades, los leñadores fueron liberados; sin embargo, nadie cree aun que de verdad fueron atacados por el temible Cuatlacas, aunque hay gente que dice haber escuchado sus potentes rugidos en medio de la espesura del bosque.

La verdad detrás de este misterio tampoco será revelada fácilmente. Quizá se trate de un guardián que celosamente protege el entorno donde se halla oculto. Se dice que solo la gente que ha tratado de cortar arboles ha sido atacada por esta bestia, y que pocos han sobrevivido para contarlo. Es solo una leyenda mas.